El cine es como uno de esos viajes lejanos, sin rumbo, con o sin sentido para realizarlos, en los que descubres, en los que la seducción de lo visitado te conmociona y te marca, porque existen, porque la provocación de los 24 cuadros por segundo te llevan lejos, a mundos remotos que se componen de dramas, ciencia ficción, comedias, historias del oeste, pero todas que hablan de ti, de lo que te hace ser y sentir humano.
Somos seres insatisfechos, confundidos por las travesuras del tiempo y es por esa misma inestabilidad de los segundos que atentamos hasta contra el rostro de nuestra propia felicidad.